Por las rutas del Pacífico: Costa Oeste

Era una templada mañana de Marzo. El invierno se empezaba a ir, y el amanecer californiano estaba ideal para la ruta. Joaco había alquilado el auto el día anterior. Nos encontramos en el centro de la ciudad, y una vez cargados los bolsos en el Fiesta, estábamos listos para arrancar el road trip tan deseado: la famosa Costa Oeste.

Ruta desde el norte de California hacia el centro de LA. El viaje lo realizamos en varios tramos parando en la costa.

Este fue mi primer gran viaje en ruta. Hasta entonces toda la experiencia que tenía era un Buenos Aires – Gesell/Mar del Plata/Miramar con mis amigos un par de años atrás, pero lo de ahora era todo nuevo. Manejar en Estados Unidos era una experiencia totalmente distinta, debido a varias razones. Desde algo tan básico como disponer de un auto con transmisión automática (sin pasar cambios), hasta los increíbles paisajes o el excelente estado de rutas. Ni hablar de que eran bastante más horas de viaje que hacia la costa argentina, o el hecho de manejarse en millas, o en galones en vez de litros de nafta. Al menos, con nuestros jóvenes 20 años no contábamos con tanta experiencia al volante y todo nos parecía una novedad.

Pedimos el auto de alquiler más barato. Esto es un “standard/economic”, según las agencias norteamericanas.

Cuando Cebra y Joaco, dos compañeros de trabajo, me contaron de su idea de hacer el viaje, no lo dude un segundo. Simplemente nos preparamos con un iPod lleno de música, varios tubos de Pringles, un bolso de mano cada uno, GPS configurado y tanque lleno de nafta. No necesitábamos nada más. De esta forma arrancamos nuestro viaje esa mañana de Marzo.

La idea era hacer el camino desde Tahoe, atravesar Sacramento, y abrirnos bien al oeste hasta agarrar la autopista del Pacífico (Pacific Coast Highway). Nos esperaban cuantas playas podamos atravesar, hasta desembocar en una de las principales metrópolis del país, cuna de Hollywood y Beverly Hills: la tan famosa LA.

El inicio del viaje desde California norte es a través de la ruta nacional nro. 14.

Como todo viaje, el inicio fue todo alegría. Música, charlas, sorprenderse con cualquier cosa que veíamos (Miren! Un auto azul!). Pero el trayecto era largo, y de pronto comenzaron las necesidades de baño, comida, wifi. Claramente no íbamos a subsistir mucho con nuestras provisiones de pringles, coca cola y gomitas. Joaco fue el primer conductor designado y tuvo que hacer de pseudo-padre aguantatodo, lo cual debo reconocer, supo llevar más que bien. Por suerte, las horas y horas de viaje poco a poco nos iban regalando cada vez mas hermosas vistas.

Vista del Pacífico a través de la Costa Oeste.

Las 450 millas (algo así como 724 kilómetros) se hicieron sentir, pero cuando ya estaba anocheciendo, el GPS nos indicó que finalmente estábamos bordeando la tan famosa Malibú beach. Sin muchas vueltas, entramos al primer hotel que vimos en la ruta. Como habíamos almorzado/merendado fuerte en el camino, ninguno de nosotros tenía hambre. Recuerdo que buscábamos la “M mágica” de McDonalds, a fin de tener algo de wifi temporal antes de volver al hotel. Pero el cansancio de estar 8 horas arriba del auto nos jugaba en contra, por lo cual lo único que hicimos esa noche fue dormir.

Postal nocturna de Malibú. Así nos recibía.

Tampoco es que hubiésemos tenido mucha opción. Tengan en cuenta que Malibú (al igual que el resto de las playas que comentaré más adelante) son tal como su nombre lo indica, playas, y no tienen gran variedad de negocios, o shopings, o ningún otro atractivo turístico más que la ruta y la fantástica playa. Ojo! No es que esté tirando abajo este increíble destino. Todo lo contrario, el road trip y las playas valen lo valen absolutamente, pero solamente aclaro que no vayan a recorrer la costa oeste buscando vida nocturna. Para eso tendrán que esperar a llegar a Hollywood al final del viaje (o del siguiente post).

Vista del amanecer en Malibú.

Con las energías renovadas, emprendimos el segundo día. Como verán, la primera vista a la costa malibulense (inventé?) de día es llamativa pero no solo por su increíble playa. Acá lo característico son las tremendas mansiones que hay en plena arena.

No es muy difícil darse cuenta que tan lujosas propiedades no son de un ciudadano común, sino gente de muy altos recursos, muchos de ellos, estrellas de Hollywood. La chica del hotel nos comentó que en la zona prácticamente no hay transporte público, ya que todos en Malibú tienen vehículo propio. Y esto debería ponerlo en plural, y si este ser humano no tiene un record Guiness, pega en el palo. ¡¿Quién necesita ¡¡8!! garages en una casa en la playa!?!

Con Cebra no podíamos creer lo que veíamos.

Entre el día que se había nublado un poco y tal acontecimiento, me decidí retirar caminando por la orilla. Me voy, me siento demasiado pobre en esta playa.

El día empezaba a nublarse. Mas allá de ser invierno, se podía estar en bermuda y camperita.

Por si no se apreció en las fotos anteriores, nótese el tamaño de las “casas de playa”. Al lado de ellas parecía casi una hormiga.

Luego de caminar por las tremendas casitas de playa, volvimos al hotel a buscar el auto y hacer el check out, todo antes del mediodía. Salimos así una vez mas a la ruta californiana, con las hermosas vistas del Pacífico. Más rápido de lo que esperaba, llegamos a la playa donde se filmó Baywatch: llegamos a Santa Mónica.

El trayecto entre las playas, una vez que ya están  en la costa, es bastante corto la una de la otra. De Malibú a Santa Mónica (SM) tardamos menos de una hora. Con la experiencia de las 8 del día anterior, este mini-recorrido fue una ganga.

Si bien la primera impresión, honestamente, no me pareció muy llamativa, al instante pude re-confirmar mi teoría de que a los norteamericanos les encanta hacer todo a gran escala: esta vez, la estrella no eran las mansiones, sino un.. parque de diversiones playero.

Un mini-Parque de la Costa en plena playa.

Hago una pequeña pausa para darles un consejo. Cuando decidan ir a la Costa Oeste, intenten hacerlo en Junio/Julio, cuando estén los días más cálidos. Como veran en mis fotos, la playa estaba bastante desierta y gris, debido en gran parte a que fui a fines del invierno en el hemisferio norte (Marzo). Igualmente, el invierno en esta parte del mapa no es igual al que estamos acostumbrados. Quienes hayan estado en Mardel en época de frío sabrán qué es REALMENTE frío. En California, estaba fresco pero aún así se podía estar en bermuda y campera liviana. Más allá del clima, esto no nos impidió disfrutar un lugar realmente fantástico, pero seguramente en época más cálida, se pueda disfrutar aún mucho más.

Vista de los juegos y la playa, ambos desiertos. En verano, explota de gente (muchos niños)

Luego de almorzar en el tan famoso muelle (Boardwalk) de esta playa (donde, por cierto, nos cobraron como si estuviésemos comiendo en una mesa exclusiva atendida por el Gato Dumas y Martiniano Molina), a eso de las 3 de la tarde volvimos a salir a la ruta. Aún más rápido que el trayecto de Malibú a Santa Mónica, en 20 minutos llegamos a la más bizarra pero original playa: Venice Beach.

Venice Beach, la mas original y artística de la costa.

El barrio de Venice fue creado por un magnate del tabaco, quien pretendía crear una replica de Venecia. En la parte interior todavía quedan algunos de los canales originales, donde a principios del siglo XX se podían ver góndolas y gondoleros que paseaban a los turistas. Venice supo ser hogar de celebridades como Marilyn Monroe, Arnold Schwarzenegger, Viggo Mortensen, y Jim Morrison. Hoy, suelen frecuentar la zona Robert Downey Jr., Tim Robbins, y muchos otros. El paseo costero es realmente un lugar increíble, donde se mezclan el arte callejero, los deportes urbanos, el sol y la playa.

Las tremendas rampas de skate ocupan gran parte del lugar.

Nos sorprendió que, de las 3 playas que habíamos visto en el día, esta era la primera que estaba desbordando de gente (literal), cada uno haciendo una actividad diferente, sea deporte, pintando paredes, o cualquier tipo de arte callejero. Todos realmente en la suya. Con los chicos no podíamos salir de nuestro asombro y la gente, ni se dio cuenta de los molestos turistas que no paraban de fotografiar. Al fin y al cabo, parecíamos los únicos “visitantes” del lugar.

Creo que es el día de hoy que nunca vi algo parecido. Al menos, no en una playa. El ambiente, las múltiples culturas que coexisten en un mismo lugar, todo fue muy llamativo. Quizá el impacto fue más porque sus “hermanas” SM y Malibú eran totalmente diferentes. Me quedará la curiosidad de verla en verano, donde – según dicen – resplandece su Muscle Beach, y los partidos amateur de basket, de donde se comenta salieron varios de los grandes de la NBA. Vendría a ser como los potreros para los futbolistas argentinos.

El cartel y la descripción valen tanto la pena como la escultura.

La tarde iba cayendo, y con ella el cansancio de otro día de recorrido. Hicimos una breve escala en un Starbucks en los alrededores de Venice, antes de emprender una nueva travesía buscando hotel. Había que aprovechar el wifi, y reponer energías. Mañana íbamos a la tan ansiada urbe, tocaba conocer el tan famoso Hollywood, y la tan famosa ciudad de Los Ángeles. Pero eso será parte de otra historia..

Hasta la próxima!

Publicado por Chris Diorio

bla bla

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